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miércoles, 28 de mayo de 2008

Retrato de un esquizofrénico

Estado

La gente me mira mal porque sabe que he perdido la cabeza. Años pasaron desde mi última charla coherente con otro. Ni siquiera el psiquiatra me habla ya, sólo me medica y el resto depende únicamente de mí. Mi mente y yo nos entendemos, como quiera que sea. Sólo me interesa estar bien en mi mundo, lo demás se va al caño.
Porque la gente no me entendió y nunca lo va a hacer. Cualquier cosa que haga genera rechazo. En mi familia produce llanto, sobre todo cuando hablo de María. Me quieren confundir, me quieren ver mal. Me dicen que yo la maté, que ella ya no está. ¡Pero si yo la veo! ¡La siento! Y la amo tanto. Está conmigo todo el tiempo, hablándome y tejiéndome una bufanda negra. Y yo la miro. La miro y le sigo la charla, y me río de lo que dice.
Por eso no entiendo por qué mi familia viene una vez al mes y se va horrorizada. Mi hermana llora y dice que nunca me voy a recuperar. ¡Pero si yo estoy bien! Lo que pasa es que me quieren confundir, me quieren ver mal. Igual a mí no me importa, me siento refugiado en mi mente, aunque sé que lo que yo veo o pienso no tiene nada que ver con lo demás. Pero es así, mi mente es mi mundo y nadie puede entrar en él, así que qué más da.
Intenté explicárselo al psiquiatra pero nada puede él hacer. Dice que creo mundos imaginarios, y no sé cuánta cosa más. No me importa, yo estoy bien así. Lo único que me asusta es que me quieran lavar el cerebro. Sé lo que planean, están todos confabulados. Ellos me quieren confundir, me quieren ver mal.
Sobre todo cuando hablo de María. La última vez que hablé de ella fue hace como un año. Un psicólogo me hizo una consulta. Yo estaba asustado, había tenido una pesadilla. Cuando conté de qué se trataba el sueño, el analista se quedó perplejo. Había soñado que mataba a María dándole incontables puñaladas. Me había quedado el recuerdo de su sangre espesa en mis manos y del cuchillo tirado sobre la alfombra.
Después de haber contado eso el psicólogo comenzó a escribir fervientemente, mientras yo lloraba desconsolado e intentaba limpiarme las manos, porque aún sentía la sangre en mí. De repente entré en pánico y un grupo de enfermeros entró en la habitación y me inyectó algo que me durmió rápidamente…
Desperté y estaba maniatado en un cuarto blanco. Me levanté y me asomé a la puerta. Había policías haciendo guardia. Alguien me tenía prisionero, ¡me iban a matar! Tenía que escapar como sea. Pero cada vez que lo intentaba alguien a quien nunca vislumbré me dopaba, y yo dormía.
Presiento que algo extraño pasa, pero por suerte María está conmigo. Sus palabras callan a mis lágrimas. Lo que no entiendo es por qué ella no está prisionera como yo. Va y vuelve, abre las puertas de la habitación, pero yo no consigo hacer lo mismo. Son esos médicos confabulados con mi familia, que me tratan mal y no sé por qué. Lo único que me consuela es no tener más sueños y por el contrario, tenerla a ella. Todos siguen diciendo que ella murió, que yo la maté, ¡pero nadie entiende que eso fue sólo un sueño! Le voy a suplicar a María que les explique, que se haga ver y les haga entender cómo son las cosas.
Mientras tanto, yo elijo aislarme, no quiero que nadie me toque. Todos me odian, me confunden porque me quieren ver mal. No podrán.

Brote

Me levanté horrorizado. Inesperadamente, tuve un sueño terrible. Mataba al psiquiatra a golpes. ¿Cómo puede alguien ser tan violento? Yo no podría, creo… No entiendo las preguntas que me hacen los médicos. ¿Les había contado sobre mi sueño ya? No entiendo nada, no sé si es de noche o de día, qué hora es, dónde estoy. Ah, el cuarto blanco. ¿Por qué soy prisionero? Me quieren confundir, me quieren ver mal y lo sé. Cómo escapar no tengo idea. Debería luchar pero los medicamentos que me inyectan me debilitan. Sigue habiendo policía afuera.
Pero por suerte sigue estando María. Ahora teje otra cosa, no sé que es. ¿Dónde habrá quedado aquella bufanda negra? No sé qué pasa que no me habla, algo no anda bien. Aparece y desaparece, se va sin decirme a dónde ni cuándo volverá. Quiero estar con ella y no puedo. Algo me dice que debería matarla. El analista escuchó ese pensamiento… Y dijo que sólo me falta matarla psíquicamente. No entendí eso. ¡Si sólo verla me hace amarla! Paparruchadas.
Siento pasos. Son dos médicos, por lo que percibo. ¡Quieren entrar! Algo me harán y no será nada bueno. Los veo venir hacia mí. Son dos médicos con mirada amenazadora dos enfermeros cómplices tres policías enormes mi familia atrás llorando. Me acorralan y me siento débil creo que me quieren llevar a otro lugar entro en pánico me desespera no poder contra ellos no quiero que me toquen me quieren confundir me quieren hacer mal me odian me reprimen pero yo estaba bien con mi mente dicen que maté a María y al doctor también yo lo soñé pero si es verdad que hago me van a matar me quieren confundir me quieren hacer mal me quieren confundir me quieren hacer mal me quieren confundir me quieren hacer mal… ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡NNNNNNNNNOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!!

Perdición

Mmm… Estoy mareado… ¿Dónde estoy? Otro cuarto blanco, pero creo que más grande. ¿O será mi mente que desvaría? Tengo el cuerpo entumecido, la cabeza me da vueltas… Busco a alguien pero la habitación está vacía. No sé por qué siento murmullos si nadie me habla. No pero alguien está acá, estoy seguro. Busco, busco… nada. Intento relajarme, ¡ruidos de nuevo! ¡Ahhh! ¡Quién será! Pufff… Es María, como siempre. Pero alguien la acompaña… ¡El doctor! Bueno, al menos no estoy solo.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Al revés como los chinos

Bueno, esto es un tremendo descuelgue. Pero me gustó la idea de jugar con la estructura de un texto, y de saber que puedo hacer lo que quiera con mis palabras...Parece un poco desprolijo, porque no se ve cuándo hay puntos aparte, por consiguiente, es muy difícil seguir un hilo, o decir que posee cierta cohesión. Pero en fin, helo aquí.
Aclaración: Es indispensable leerlo de izquierda a derecha, de abajo para arriba.

A todo esto… ¿Cómo harán los chinos?
a ciertas pautas culturales…
¿superdotada? De repente me sentí tan aferrada
líneas, como si fuera china, japonesa, o…
cuando empecé a leer esas
Así que ya sabrán lo que sentí,
¡Y escribirlo ni les cuento!
es bastante complicado leer todo al revés…
historia para probar que, si bien lo intenté,
y decidí escribir mi
me acordé de la escena con algo de gracia,
condenado apunte,
y de haber ido a cambiar el
Después de haber sufrido un ataque de bronca,
¡Con lo que necesitaba leer eso!
Pero era así nomás… Me quería morir…
revés. Me dije “¡esto no puede estar pasando!”
de la mitad del mismo las hojas estaban al
primer texto, descubrí con asombro que a partir
y tras haber leído varias hojas del
Al abrir el apunte,
encontré con algo que no imaginaba.
me dispuse a leer en la cama, pero me
Después de bañarme, y con la panza llena,
que había comprado.
una rica cena, y la posterior lectura del apunte
sobre el colchón, programé una ducha,
sintiendo como cada parte de mí se relajaba
Mientras respiraba profundamente,
y tiré mi bolso al piso.
arrastrando los pies hasta la cama,
aunque de manera estresante. Llegué a casa,
Todo el día transcurrió con normalidad,
del café que pronto estaría tomando.
imaginándome el gustito
con mi apunte entre manos,
Me retiré tranquila del lugar,
un café más tarde, hacía frío ese día.
ya pensando en comprarme
- Servite - Le entregué el dinero,
- Sí obvio, serían $7, 80.
rogando para mis adentros que lo tuvieran.
- ¿Tenés el módulo I de Semiótica? - Pregunté,
aminoraban la carga, creo.
Los mates, las facturas y la radio prendida
al tener que atender a tanta gente.
me los imaginaba más estresados
había llamado mi atención,
La simpatía de quienes atendían
proliferaban por todos lados.
hojas y apuntes apilados por doquier, que
Me encontré con una habitación con olor a tinta,
apuntes, así que me dirigí al centro de estudiantes.
Recordé que necesitaba comprarme algunos
Pero era mi facultad, por supuesto.
de pasillos y aulas de diferentes tamaños.
ahora un edificio oscuro y lleno
antes fue una fábrica,
Penetré en terreno de lo que
en una escena típica de mi rutina diaria.
Parque Centenario ya se había transformado
cuando desde Palermo me fui a la facultad.
Eran creo las 6 y media de la tarde,
feliz de recorrerlo como siempre.
Venía de una larga travesía por el centro porteño,
Era un día como cualquiera.

sábado, 10 de mayo de 2008

Pasó a través de la noche, de Juan L. Ortiz

Pasó a través de la noche...
Qué mujer o niña
pasó...?
Pasó con unos ojos de algas que querían
desprenderse de la profundidad
para flotar sobre la noche, sobre las vías de la noche?

Y de dónde esos ojos?
Venían, ciertamente, de las “veigas” que los vieron
mojar sombras de “paxariños”,
allá
y abrirles otras “follas” al rocío,
allá,
entre pestañas de “herbiñas”?

Pasó a través de la noche y bajó, ay, de la noche...
Sobre las vías del sueño,
unas algas...

Dejó, pues, ella, los ojos, sobre las vías del sueño?
Y qué hará, ella, por ahí,
qué hará,
sin esas niñas, propiamente, de verdín, que le daban el agua,
y daban agua?

O vendrá al sueño, vendrá, antes de que se sequen, ellas,
sin el agua, ahora, de ella?

Niña o mujer...
niña
que atravesó la noche y le abandonó para su viático
unas algas de sueño
por las que teme, ya, el sueño...


Vendrá, ella, vendrá, antes de que las queme
el mismo sueño?

Vendrá?


(de La orilla que se abisma, 1970)

jueves, 8 de mayo de 2008

Harlem´s Nocturne

Escucho una canción. El piano irrumpe con melodías de otro mundo. La voz, de una mujer que parece lúgubre, casi mustia, revela un brillo pocas veces oído. El ritmo que llega a mis oídos es tan penetrante, que casi puedo sentir la evocación de esas notas, como nacen, como se reproducen.
La cantante parece contar algo sobre sus raíces... Esa voz profunda, negra, tan del black spiritual, develando pistas, mostrando nostalgias por lo que fue, pero con una esperanza encubierta que se eleva en algunas notas agudas. Melodía que mezcla lo clásico con lo negro, en un pop que sorprende por su autenticidad.
Y frente a eso estoy yo, sorprendida, decocificando esas notas, esas sensasiones, todo esto me sobrepasa. Pienso que increíble es lo que puede generar una melodía. Recuerdo cosas, historias, cómo empecé a escuchar esto, y me sorprendo por cómo pasa el tiempo, y cómo sigo acá.
Y al escuchar todo esto, pienso en mis raíces... Mis raíces... Todas ellas tienen melodías.