miércoles, 23 de abril de 2008

Mi perfil como lectora

Creo que tenía 16 años cuando leí Shiddarta, de Herman Hesse, que retrata de forma novelada la historia de Buda. Desde el principio me pareció interesante: es un libro sobre encuentros y desencuentros, sobre búsquedas. Eso fue algo que me impactó y mucho, ya que en ese momento yo también había emprendido mi propio camino, como buscando algo en particular… Desde la primera a la última hoja me sentí cerca del personaje, que logra tal crecimiento espiritual mediante viajes, reflexiones y extrañas experiencias que me fascinaron, como creo que pocos libros lograron fascinarme. Un ejemplo de esas experiencias es su viaje con los samanas del bosque, quienes buscan el alejamiento de los bienes materiales. Ahí el personaje se despoja de todo lo que posee, se viste con poca ropa, come muy poco, etc. Termina descubriendo, gracias a su encuentro con Gotama (el Buda), que ese abandono de sí mismo lo único que provocaba era un choque con su propio yo; en consecuencia, decide abandonar a aquel grupo.
Claro me quedaba, por supuesto, que preparar la lectura de la novela para un examen de Literatura estaba en segundo plano, ya que rápidamente me vi inmersa en la búsqueda que hacía el personaje, quien elige alejarse de una vida de lujos y comodidad para pasar por diversas situaciones a lo largo de los años: recorre lugares que nunca hubiera imaginado, pasa de ser ermitaño a un rico comerciante, y termina en la margen de un río observando a un botero trasladar gente y reflexionando sobre como todo va y vuelve en la vida. De esta manera mi imaginación crecía y volaba tan rápido como la lectura misma, que terminé en pocos días debido a la ansiedad de conocer el contenido de cada página.
Reflexionar en todo el camino recorrido por el personaje me inspiraba a pensar en muchas cosas. Sobre todo me impresionaba como Shiddarta va renunciando a los lujos y a la riqueza material, para internarse en un aprendizaje espiritual en el que encuentra que es verdad que lo material va y vuelve, pero que lo que permanece son los valores inmateriales. Por otro lado, mientras en personaje viajaba, yo imaginaba los paisajes y las hermosas charlas que Shiddarta tenía con personas de pueblos diferentes, quizás como si formara parte de toda esa historia.
Esta novela me atrajo porque siempre encontraba algo nuevo para aprender. Tanto es así que nunca pude olvidar aquellos paisajes que mi mente creaba mientras la lectura avanzaba, como tampoco pude olvidar esa extraña sensación satisfactoria de saber que si Shiddarta había encontrado lo que tanto buscaba, quizás yo pudiera hallar un destino similar.

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